Auténtica Ternura
I
Pues,
floreció la primavera
con su tenue claridad
de mañana amarilla.
Y mientras todo se detenía ante
la pureza de tu rostro de luz y agua,
logré contemplar tu desnuda melancolía
de arbolito de placita abandonada.
Fue en ese fondo de flores,
puro y silencioso,
sin ecos,
algo denso, lumínico y misterioso,
en el que apareciste tú,
súbitamente,
hija del viento,
nieta del sol,
salvándome del desesperado
naufragio del violento mar de mi angustia.
Oh! auténtica ternura.
Oh! mi amanecer de infancia.
Oh! mi esperanza cumplida,
que con tu estela de luz
remediaste mi agonía rabiosa,
de piedra pensativa.
Oh! mi sencillez de pan.
Oh! mi apasionada luz definitiva.
Eres libre como el aire
que viaja por abiertos
espacios vacíos que ofrecen los
montes del sur.
La claridad de tu sonrisa de pétalos,
revelan la forma pura del sentimiento humano.
Y al igual que el lenguaje de los pájaros,
no precisas del mundo,
pues, el tiempo, el espacio, y la causalidad
de los eventos, son meras formas tuyas.
Ay! amor,
alójame en tu vientre de amapolas,
tan limpio y cálido
como el alto cielo en primavera.
En el territorio de tu vientre,
de caudal infinito,
nace el tiempo
y germinan los jazmines,
Y en la luz meditativa de tus ojos,
que embiste oscuras
sombras desdichadas,
reside el inefable enigma de la vida.
II
Te recuerdo cuando caminábamos
en hondas noches azules,
en las calles inciertas de nuestros
barrios sin memoria,
mientras nadie nos veía,
y nos besábamos pura y silenciosamente
en banquitas que suspenden el tiempo,
la luna, en forma de copa,
vertía su luz en tu rostro
de indómita pureza.
¿De dónde extraes ese río de ternura
que te constituye,
mi flor de primavera?
¿De dónde proviene ese resplandor final
que aparece en tus ojos?
Tus ojos, ese nido de pajaritos
que en la soledad de tus lágrimas,
inquietos peces de plata, me dijeron alguna vez:
“Protégenos, y llévanos ahí, a esa pradera de sol,
que está antes del comienzo y después del fin.
Allí donde todo reposa.
Allí donde nadie sufre.
Allí donde el dolor humano fue vencido.
Allí donde el ficticio tiempo es favorable siempre,
y no envejece.
Oh! mi venturoso cisne del cielo.
Infinitamente hermosa.
Oh! mi refugio de amapolas,
que aplastaste mi tristeza de piedra,
y me volviste la flor más plena de mi mundo,
tu mundo, nuestro mundo
Oh! mi mariposa pura y generosa,
que ofrece su amistad a los solitarios vientos ignorados de ayer,
lograste sanar
la infección de mi mudo dolor de piedra,
y lo transformaste, mi bella mariposa sin tiempo,
en vida, mar y bosque.
Oh! mi melancólico naranjo.
Oh! mi sol de primavera.
Oh! mi ternura real que te vuelves canto.
Oh! mi aroma de manzana.
Oh! unidad de mis días.
III
Durante nuestras noches
de completa oscuridad,
me sumerjo en tu magma transparente,
recorro tu uva de piel vibrante,
beso tus suaves labios de nubes,
me desplazo lentamente por tu geometría final,
me inundo de tus caricias florales,
y el tiempo se detiene y revela su trampa circular.
y el tiempo se detiene y revela su trampa circular.
Y en lo sucesivo, en la completa quietud de tu cuerpo,
el éxtasis circula por nuestras venas,
interminable, esencial, sin orillas;
como un relámpago fulgurante.
Y es ahí cuando la vida
se revela y nuestros espíritus se elevan
más alto que el cielo,
más alto que las más altas cumbres de nuestra Tierra.
Embriagado ya de éxtasis en estado puro,
beso tu dulce y blanda boca de fruta sagrada,
beso tu dulce y blanda boca de fruta sagrada,
y logro sentir que nuestra vida se expande,
sin límites,
hasta donde el mar se pierde a lo lejos.
Y en ese horizonte final,
donde nuestra vida se encuentra con la vida;
en ese momento de ensueño,
comparece ante nosotros, la eternidad.
Y me doy cuenta, al fin, en ese breve instante presente,
que la perfección de la vida,
nace y descansa en ti,
mi cósmica pradera de sol.
IV
En tu mirada de luz fecunda,
que envidian los ángeles celestiales,
en ese fondo verdinoso de tu Ser,
interminable y de perpetua paz,
que desafía la pureza del cielo,
reside el enigma de la vida y su fugitiva eternidad.
Es, entonces, cuando el agua de tus ojos,
de misteriosa eternidad,
inundó y sanó mi vida.
Es en tu sonrisa transparente y luminosa,
hija del viento,
en donde se refleja el cielo, la luna y las estrellas
Es en tu vientre de amapolas donde se abrieron
inéditos senderos de luz que nunca vi.
¿Quieres vivir conmigo en esa pradera donde el Sol
toma su siesta y los peces bailan junto a su madre Luna?
¿Quieres amarme minuciosamente, hasta agotar la sed verdadera del Sol?
¿Quieres oír conmigo el crepitar de los árboles en noches de invierno?
Ahora mírame y duerme, mi estrella desnuda;
toma mi mano,
mi límpida lágrima del cielo,
y caminemos juntos,
entre el cielo y la tierra,
del Sol al mar;
cantemos junto a los pajaritos del sur,
y descansemos dentro de su armónica melodía;
corramos juntos de la mano, por la espléndida
pasarela de luz que el sol nos regala en cada atardecer
en el infinito mar de siempre;
dejémonos llevar por los ritmos de la danza;
y en cada noche contemplemos con calma, la luna y
a nuestras antiguas estrellas que nos miran y cuidan desde
lejos.
Ámame, ardiente y desesperadamente,
pues,
por fin, te encontré
mi Auténtica ternura,
de ayer,
ahora y
siempre.
Fessoa.
