lunes, 14 de marzo de 2016

Perdurar y no morir


                                         


Fue una noche típica en los barrios de casas bajas de Santiago, esas noches en que la oscuridad y  la luna simplifican las calles y hacen desaparecer sus rincones. Ese día caminaba distraído hacia Matucana y mientras me acercaba  a  la esquina de  Huérfanos con Esperanza, sentí por primera vez el sabor del peligro. Dos hombres emergieron repentinamente y me amenazaron con un puñal.  Obviamente nada memorable ocurrió después del asalto. No exhumé una piedra para golpearlos y arrancar como ocurriría en las películas. Apenas recuerdo esa sensación de querer perdurar y no morir.