jueves, 19 de abril de 2018






En un día existió nuestro tiempo que unió nuestras manos.
Hoy todo se aleja.
Fuimos aquel fluir del río que transcurre a lo eterno.
Hoy somos dos abismos.
La pesadilla de no comprender nada.

Nubes enlutadas.
Cesa la lluvia
Ya es tarde,
el día duerme
para siempre.

viernes, 30 de junio de 2017

"Pensé: mi padre ya no está, y si no hago algo de prisa, su vida entera se desvanecerá con él"





"Incluso antes de hacer las maletas para emprender las tres horas de viaje hacia Nueva Jersey, supe que tendría que escribir sobre mi padre. No tenía un plan ni una idea precisa de lo que eso significaba; ni siquiera recuerdo haber tomado una decisión consciente al respecto. Pero la idea estaba allí, como una certeza, una obligación que comenzó a imponerse a sí misma en el preciso instante en que recibí la noticia de su muerte. Pensé: mi padre ya no está, y si no hago algo de prisa, su vida entera  se desvanecerá con él."



Paul Auster
"La invención de la soledad".

lunes, 18 de abril de 2016

Ilusorio ayer



Ilusorio ayer

 Fue en esas horas en que la tarde inundaba de ternura las calles en el Poniente de Santiago, cuando mi madre me informó que nos iríamos de casa. 
Ese día -recuerdo- mis lágrimas rompieron en mis párpados.
 Han pasado diez años y volví a esas calles. De ese ilusorio ayer, solo quedan nuestras  promesas de adolescentes enamorados inscritas en las murallas de la antigua escuela pública de la esquina, y el sonido ausente de nuestras sonrisas procaces que vencieron el sinsentido de la vida cuando fuimos niños.
-"El reino de los almacenes fue destruido por el imperio de los supermercados"-, pensé.

lunes, 14 de marzo de 2016

Perdurar y no morir


                                         


Fue una noche típica en los barrios de casas bajas de Santiago, esas noches en que la oscuridad y  la luna simplifican las calles y hacen desaparecer sus rincones. Ese día caminaba distraído hacia Matucana y mientras me acercaba  a  la esquina de  Huérfanos con Esperanza, sentí por primera vez el sabor del peligro. Dos hombres emergieron repentinamente y me amenazaron con un puñal.  Obviamente nada memorable ocurrió después del asalto. No exhumé una piedra para golpearlos y arrancar como ocurriría en las películas. Apenas recuerdo esa sensación de querer perdurar y no morir. 

jueves, 29 de octubre de 2015

Primer programa: "Club Almacén"


Primer programa "Club Almacén". Notas sobre los barrios, las orillas, las lejanías de Santiago. Críticas a la literatura actual (crítica ligera y breve). Lectura de algunos poemas: Pizarnik, Borges y Neruda. Crítica a nuestra sociabilidad actual, nuestro guión escrito que determina nuestro proyecto de vida antes de nacer.
-Canción del programa: Bajan, del Flaco Spinetta.
-Poema final: "No hay olvido", de Neruda.
*El audio es muy malo, lo siento. No hay, todavía, buenas condiciones materiales del programa. Y solo por hoy, el programa lo hice solo sin un otro..


Programa haga click al link de abajo:

https://soundcloud.com/felipe-ca-as-gamboa

viernes, 10 de julio de 2015

EN FIN


EN FIN

Joyce
En un día del hombre están los días
del tiempo, desde aquel inconcebible
día inicial del tiempo, en que un terrible
Dios prefijó los días y agonías
hasta aquel otro en que el ubicuo río
del tiempo terrenal torne a su fuente,
que es lo Eterno, y se apague en el presente,
el futuro, el ayer, lo que ahora es mío.
Entre el alba y la noche está la historia
universal. Desde la noche veo
a mis pies los caminos del hebreo,
Cartago aniquilada, Infierno y Gloria.
Dame, Señor, coraje y alegría
para escalar la cumbre de este día"



Jorge Luis Borges


Hace pocos minutos terminé un proceso que me embriagó -por casi una década- de vigilias con Borges y Enrique Lihn, cafeína, de entender a Wittgenstein y las Residencias de Neruda,de escuchar a Spinetta mientras estudiaba derecho (disciplina que aprendí a amar a mí manera). En esa década hice de la literatura, la filosofía y el estudio del derecho mi vida. Una forma, una apuesta sin retorno, si se quiere, de escapar de un mundo que no elegí, del desarraigo y de la "felicidad de los tristes", como le escuché alguna vez a una persona que ya no recuerdo. La decisión de estudiar derecho -a los 18 años, algo que mirado a la distancia me resulta inverosímil- fue fortuita y trivial. No vengo de una familia de herederos que me haya transmitido -y ordenado- continuar una dinastía de abogados. Nada de eso. Pero tampoco importa el motivo o la causa de mi elección que hoy me tiene aquí frente a un título de abogado, mientras escribo esto en esta "quietud que ronda a mi muerte sin tener presagios de lo que vendrá", para citar a mi amado Spinetta. Mi presencia insignificante en este mundo en nada interrumpe nuestra inevitable agonía (aún me queda esa poderosa influencia que generó en mi la filosofía y poesía pesimista de  Schopenhauer, Mainlander, Ciorán y el poeta Pessoa).
 Sin embargo, lo que hoy me concierne en mi esencia y lo que quiero transmitir en estos momentos es otra cosa. Lo que quiero manifestar es lo que aprendí y descubrí en mi experiencia universitaria y el deber que tengo (tenemos) ante las personas esenciales de mi vida y nuestro país. 

El deber elemental de todo estudiante universitario -ya sea de origen proletario o un heredero- es su formación cultural e intelectual. Luego, por añadidura casi, viene la profesión u oficio que se eligió. Ser profesional en "algo", cuya certificación por medio de un título no significa más que exonerarme de acreditar únicamente que el conocimiento técnico que adquirí en esos largos estudios los manejo y soy capaz de prestar un servicio razonable desde ese saber-experto. Pensar que la universidad sólo te brindará un título profesional, pensar a la universidad de ese modo, no solo es insuficiente sino que un grave error. La universidad no fue creada para eso. Esta dictadura del saber-técnico nunca fue y debe ser el valor más propio y final en la misión de una universidad. No hay otro momento, tal vez, en la vida de una persona en donde más intensamente se pueda reflexionar sobre qué significa vivir correctamente, de cómo es posible el conocimiento humano, de cómo es posible el convivir humano en paz y respeto, preguntarse, a su vez, qué arreglos institucionales y políticos requiere este país para lograr bienestar y corregir la grosera desigualdad que quema cada día y, tal vez, la pregunta que hoy más me inquieta: ¿cómo es posible el entendimiento humano ante la  multitud de subjetividades presentes?
No puedo entender que un buen profesional que reclama reconocimiento para sí y que persigue prestigio y luego presumir de él, sea únicamente una persona eficiente, competitiva, astuta y sagaz, que ejecuta nada más y no delibere,  y que sea incapaz de discernir si su decir, su actuar, sus modos son o no correctos y que sea inepto a la hora de distinguir qué dichos, qué actuar, qué formas pueden generar un daño en el otro, especialmente cuando te encuentras en una posición de autoridad o de mando o, finalmente, mientras convives cada día con un otro.

Cada generación va heredando una trayectoria vital colmada de experiencias, de errores, de prácticas, de conocimiento, de creencias y principios morales que constituyen nuestro convivir,  y ante esto, y como le aprendí a Ortega y Gasset, es deber de cada generación estar a la altura de los tiempos, y los universitarios, quizás, como nadie, estén en mejores condiciones de alcanzar este ideal de perfección que toda empresa humana debería perseguir

En mi porvenir, sólo espero estar a la altura de los tiempos.

Gracias a todos mis seres amados.


Es todo cuanto puedo decir en este día.

saludos fraternos,


F.C.G.

sábado, 22 de febrero de 2014

Auténtica Ternura






Auténtica Ternura


I
Pues, floreció la primavera
con su tenue claridad
de mañana amarilla.
Y mientras todo se detenía ante
la pureza de tu rostro de luz y agua,
logré contemplar  tu desnuda melancolía
de arbolito de placita abandonada.


Fue en ese fondo de flores,
puro y silencioso,
sin ecos,
algo denso, lumínico y misterioso,
en el que apareciste tú,
súbitamente,
hija del viento,
nieta del sol,
salvándome del desesperado
naufragio del violento mar de mi angustia.


Oh! auténtica ternura.
Oh! mi amanecer de infancia.
Oh! mi esperanza cumplida,
que con tu estela de luz
remediaste mi agonía rabiosa,
de piedra pensativa.


Oh! mi sencillez de pan.
Oh! mi apasionada luz definitiva.


Eres libre como el aire
que viaja por abiertos
espacios vacíos que ofrecen los
montes del sur.

La
claridad de tu sonrisa de pétalos,
revelan la forma pura del sentimiento humano.
Y al igual que el lenguaje de los pájaros,
no precisas del mundo,
pues, el tiempo, el espacio, y la causalidad
de los eventos, son meras formas tuyas.



Ay! amor,
alójame en tu vientre de amapolas,
tan limpio y cálido
como el alto cielo en primavera.


En el territorio de tu vientre,
de caudal infinito,
nace el tiempo
y germinan los jazmines,
Y en la luz meditativa de tus ojos,
que embiste oscuras
sombras desdichadas,  
reside el inefable enigma de la vida.


II


Te recuerdo cuando caminábamos
en hondas noches azules,
en las calles inciertas de nuestros
barrios sin memoria,
mientras nadie nos veía,
y nos besábamos pura y silenciosamente
en banquitas que suspenden el tiempo,
la luna, en forma de copa,
vertía su luz en tu rostro
de indómita pureza.


¿De dónde extraes ese río de ternura
que te constituye,
mi flor de primavera?


¿De dónde proviene ese resplandor final
que aparece en tus ojos?
Tus ojos, ese nido de pajaritos  
que en la soledad de tus lágrimas,
inquietos peces de plata, me dijeron alguna vez:
“Protégenos, y llévanos ahí, a esa pradera de sol,
que está antes del comienzo y después del fin.
Allí donde todo reposa.
Allí donde nadie sufre.
Allí donde el dolor humano fue vencido.
Allí donde el ficticio tiempo es favorable siempre,
y no envejece.


Oh! mi venturoso cisne del cielo.
Infinitamente hermosa.
Oh! mi refugio de amapolas,
que aplastaste mi tristeza de piedra,
y me volviste la flor más plena de mi mundo,
tu mundo, nuestro mundo
Oh! mi mariposa pura y generosa,
que ofrece su amistad a los solitarios vientos ignorados de ayer,
lograste sanar
la infección de mi mudo dolor de piedra,
y lo transformaste, mi bella mariposa sin tiempo,
en vida, mar y bosque.


Oh! mi melancólico naranjo.
Oh! mi sol de primavera.
Oh! mi ternura real que te vuelves canto.
Oh! mi aroma de manzana.
Oh! unidad de mis días.


III


Durante nuestras noches
de completa oscuridad,
me sumerjo en tu magma transparente,
recorro tu uva de piel vibrante,
beso tus suaves labios de nubes,
me desplazo lentamente por tu geometría final,
me inundo de tus caricias florales,
y el tiempo se detiene y
revela su trampa circular.
Y en lo sucesivo, en la completa quietud de tu cuerpo,
el éxtasis circula por nuestras venas,
interminable, esencial,  sin orillas;
como  un relámpago fulgurante.
Y es ahí cuando la vida
se revela y nuestros espíritus se elevan
más alto que el cielo,
más alto que las más altas cumbres de nuestra Tierra.


Embriagado ya de éxtasis en estado puro,
beso tu dulce y blanda boca de fruta sagrada,    
y logro sentir que nuestra vida se expande,
sin límites,  
hasta donde el mar se pierde a lo lejos.


Y en ese horizonte final,
donde nuestra vida se encuentra con la vida;  
en ese momento de ensueño,
comparece ante nosotros, la eternidad.
Y me doy cuenta, al fin, en ese breve instante presente,
que la perfección de la vida,
nace y descansa en ti,
mi cósmica pradera de sol.



IV


En tu mirada de luz fecunda,
que envidian los ángeles celestiales,
en ese fondo verdinoso de tu Ser,
interminable y de perpetua paz,
que desafía la pureza del cielo,
reside el enigma de la vida y su fugitiva eternidad.


Es, entonces, cuando el agua de tus ojos,
de misteriosa eternidad,
inundó y sanó mi vida.
Es en tu sonrisa transparente y luminosa,
hija del viento,
en donde se refleja el cielo, la luna y las estrellas
Es en tu vientre de amapolas donde se abrieron
inéditos senderos de luz que nunca vi.


¿Quieres vivir conmigo en esa pradera donde el Sol
toma su siesta y los peces bailan junto a su madre Luna?
¿Quieres amarme minuciosamente, hasta agotar la sed verdadera del Sol?
¿Quieres oír conmigo el crepitar de los árboles en noches de invierno?


Ahora mírame y duerme,  mi estrella desnuda; toma mi mano, mi límpida lágrima del cielo,
y caminemos juntos,
entre el cielo y la tierra,
del Sol al mar;
cantemos junto a los pajaritos del sur,
y descansemos dentro de su armónica melodía;
corramos juntos de la mano, por la espléndida
pasarela de luz que el sol nos regala en cada atardecer
en el infinito mar de siempre;
dejémonos llevar por los ritmos de la danza;
y en cada noche contemplemos con calma, la luna y
a nuestras antiguas estrellas que nos miran y cuidan desde
lejos.

Ámame, ardiente y desesperadamente,  
pues,
por fin, te encontré
mi Auténtica ternura,
de ayer,
ahora y
siempre.

Fessoa.