En este segregado e inhumano país, o mero paisaje, lo mismo da, ¿tienen la misma dignidad real un conserje que un ingeniero comercial? ¿Los privilegiados universitarios chilenos (de las universidades más selectivas y no las otras, las de tercera división donde asisten los hijos de los trabajadores) podrán convivir realmente con los hijos y padres trabajadores de la clase media y clase baja de modesto origen económico, que habita en las orillas de Santiago? ¿Un auxiliar de colegio junto a su familia podrá algún día veranear con la familia de un abogado porque son amigos de toda la vida, se criaron en el mismo barrio, son vecinos, y salen a comer todos los fin de semana? ¿Y la mujer de un economista, se podrá tomar algún día un café con su amiga, esposa del dueño del minimarket de la esquina, luego de ir a buscar a sus hijas al colegio donde también asisten las hijas de su amiga porque justamente viven a media cuadra de distancia? ¿Qué entiende este país por educación? ¿Competencia? ¿Negar al otro, para así YO tener éxito? ¿Qué entendemos por el habitar humano? ¿Qué carajo entiende este país por libertad? ¿Qué entendemos por prestigio? ¿Acaso pasar por la universidad te dota a ti de una virtud, de una inteligencia, de una dignidad, de una decencia, de una excelencia, de una bondad que para el que no puede asistir le están vedados de manera absoluta? ¿Acaso vivir en un barrio orillero de Santiago te hace indigno y te avergüenza decirlo en público o en una entrevista de trabajo? ¿Y los nuevos profesionales exitosos, deben dejar su comuna y trasladarse a un barrio bien, de "gente como uno", y así encontrarse con gente próspera, rubia y feliz? ¿Debo sentir repugnancia por el otro, especialmente cuando vamos bajando y la cosa se empieza a volver severa y peligrosamente morena? ¿Se podrá algún día en este remoto país tratar al otro como un igual, con los mismos deseos, expectativas, sueños, y derechos que pueda yo también anhelar? ¿O para ganarme el ticket en el cielo o cumplir uno de los requisitos para ir a estudiar a alguna universidad anglosajona, me basta con cumplir con la miserable caridad de hermano menor en un campamento de verano patético y olvidable, en que finjo ser solidario por una semana con el otro, mi prójimo, que, por regla general, es moreno, sin lenguaje, excluido, de escuela pública y pobre, y así poder, luego, volver satisfecho de mí mismo a mi casa convencido de mi tarea y de mi virtud cristiana?
¿Es posible vivir en uno de los países más neoliberales del planeta tierra?
¿Es posible que este curioso paisaje, incidente del mundo, le haya encomendado el bienestar de sus hijos a los economistas, estos despreciables personajes contemporáneos que tienen la mirada tan estrecha y unidimensional del fenómeno de la vida? Donde hay vida y dignidad, ellos ven incentivos e índices macroeconómicos, donde faltan camas y médicos para atender en hospitales públicos, existe pleno empleo, donde falta agua potable y electricidad en varias regiones de este país, ellos, luego, hablan de superávit estructural. ¿Son humanos los nuevos oráculos de delfos?
¿Es compatible la amistad y la fraternidad en este error geográfico?
¿Es compatible la vida humana en esta tierra de separados pero iguales?
Sí, es posible, en nombre de la ficticia libertad que creen justificar.
Sí, es posible, en nombre de la ficticia libertad que creen justificar.
Mejor voy por mi café para aliviar un poco mi pena.
Fin.

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